LA RECUPERACIÓN Y EL DESCANSO
La recuperación implica restaurar o regenerar el estado
general de nuestro organismo tras ser sometido a un esfuerzo. Cuando a nuestro
cuerpo y a nuestra mente le exigimos mucho, se produce una alerta general que desestabiliza
nuestro equilibrio. Esta situación de alerta solicita un trabajo adicional a
nuestros órganos y sistemas para cubrir las necesidades extras requeridas.
Existen dos tipos de recuperaciones:
Recuperación activa:
Casi todos los deportistas necesitan un descanso para
recargarse física y psicológicamente. Pero esto no significa que estén en una
inactividad total, sino que deben realizar otro tipo de actividades físicas con
baja intensidad y objetivos y tareas diferentes.
Fernando Alonso jugando al fútbol
Recuperación pasiva:
Este tipo de recuperación supone no hacer nada. Es necesario
para que el cuerpo vuelva a su ritmo fisiológico habitual después de los
ejercicios o sesiones de entrenamiento.
Deportista recibiendo un masaje
después de entrenar
Existen dos factores que influyen en la recuperación:
Nutrición:
Debe haber un balance entre calorías ingeridas y gasto
energético. Los alimentos son el principal suministro de energía de nuestro
cuerpo.
Hidratación:
Durante el ejercicio se pierden grandes cantidades de agua a
través del sudor. Se deben beber de 2 a 3 litros de agua diarios y mientras se
practica deporte, antes, después y durante el mismo.
Podemos ejecutar tres técnicas para facilitar la
recuperación:
Relajación:
La mente y el cuerpo están unidos. Mediante la relajación,
conseguimos producir paz y sosiego, e inducir el descanso motor.
Respiración:
En situaciones estresantes, la respiración se acelera de
forma descontrolada, por lo que el cuerpo sufre un aumento de la tensión.
Gracias a la respiración controlada, la oxigenación mejora.
Visualización:
Es una técnica utilizada para facilitar la evaluación,
anticipación y respuesta adecuada a las diferentes situaciones deportivas y el
control de respuestas fisiológicas.

